El relato del crecimiento de la Liga F no cuadra con sus gradas vacías
Liga F cerró la temporada 2025/26 presumiendo de cifras: 7,5 millones de espectadores acumulados en televisión, un 11,2% más que el curso anterior, y 71 partidos disputados en grandes estadios, un 30% más que la campaña previa. Son datos reales, y merece la pena celebrarlos. Pero hay otro número que ese comunicado no menciona, y que cuenta una historia bastante distinta: la asistencia total a los estadios cayó de 398.382 espectadores en 2024/25 a 324.250 en 2025/26. Un 18,6% menos.

Las dos cifras no son incompatibles, pero sí incómodas juntas. Se puede crecer en audiencia digital y en partidos jugados en grandes recintos, y al mismo tiempo perder público real en las gradas. De hecho, el propio crecimiento de partidos en estadios grandes puede explicar parte de la caída: llenar un campo de 3.000 localidades es mucho más fácil que llenar uno de 20.000, y cuando un club decide jugar en un estadio grande sin el aforo para respaldarlo, el dato de asistencia se resiente aunque el proyecto, sobre el papel, esté «creciendo».
El dato más revelador no es la caída global, sino de dónde sale la poca asistencia que queda. Los partidos del FC Barcelona, como local o visitante, sumaron 153.256 espectadores la pasada temporada: el 47,3% de toda la asistencia de la Liga F. Casi la mitad de una competición de veinte equipos sostenida por un solo club. Cuando el Barça juega, hay gradas llenas y titulares. Cuando no, la fotografía cambia radicalmente, y ahí está el verdadero termómetro de hacia dónde va el fútbol femenino español fuera del foco mediático de las azulgranas.
No se trata de negar el crecimiento —la profesionalización, la inversión y la cobertura televisiva han mejorado de forma innegable en los últimos años—, sino de exigir que el relato incluya el dato incómodo junto al favorable. Una competición que se dirige hacia una mayor financiación pública y hacia acuerdos audiovisuales más ambiciosos necesita, sobre todo, hablar con honestidad de sus debilidades reales: la dependencia de un solo club, el vacío en las gradas de la inmensa mayoría de los partidos, y la brecha entre lo que ocurre en el Camp Nou y lo que ocurre en Riazor, en Zubieta o en Las Gaunas. Ese diagnóstico honesto es, paradójicamente, la mejor base para seguir creciendo de verdad.
